Viaje personal

11 junio 2009

Cada día desde finales de febrero (he tenido que mirar la fecha pues no recordaba desde cuando no escribía nada) entro aquí y curioseo un poco. Largos momentos vagando con la mente, paseándome ahora en los otros títulos, ahora en la foto (quizás la cambie), no se si el color de fondo me dice algo a estas alturas.

Cada día entro, y miro, y no digo nada, solo siento, espero. No se como empezar, no se como decir que Joana ya no es la misma.

Pienso en porque elegí ese título, si ahora lo miro, tal vez me inspire cualquier cosa que decir, pues deseo expresar algo y me doy cuenta que no soy capaz, no tengo valor, tal vez me volví miedosa, o ya lo era?

Viaje personal........ me retumba en la mente......... Pero, viaje a dónde?

Un día emprendí un viaje, no hace mucho, decidí no volver sobre mis pasos, decidí no mirar atrás, decidí aceptar todo aquello que llegara pues todo ello lo había elegido yo.

Un día me dije, no tengas miedo y confía. Decidí desprenderme de todo el peso inútil para mi partida, dejar cualquier equipaje innecesario y comencé la marcha. En el primer paso mi pie vaciló unos segundos, hasta imprimir mi huella en el suelo, la primera huella de otras muchas que seguirán. Pasos que me irán llevando por un........... no, Viaje Personal ya no................ por un Viaje alucinante.

Antes abría los ojos a medias, ahora los abro de par en par. Antes respiraba a sorbitos, ya no, ahora se que hay mucho aire, ya no me da miedo terminármelo.

Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm............................

25 febrero 2009

Un paseo en invierno



Es domingo por la mañana, deben ser las 9.30h cuando empezamos a caminar. Hace fresco. Ha amanecido despejado. El sol se siente en la piel, en el cuerpo a través de la ropa. Cierro los ojos e inhalo profundamente el olor a pueblo de un soleado día de invierno. Olor fresco, olor a leña, un olor que trae recuerdos de mi niñez, no se si alegres o tristes, simplemente me viene a la memoria el tiempo que ha pasado desde entonces.



Ascendemos por el sendero marcado que en poco tiempo nos pondrá entre los altas muros de conglomerado que separan el camino de la zona a donde nos dirigimos. Entre tanto pequeñas florecillas azules al sol. Paredes enormes de roca anaranjada parecen querer engullirnos.

Silencio. Frío. Aire que hiela la piel. Luego el sol, que la calienta. No pienso en nada, solamente siento como camino, como respiro.

Cierro los ojos y sonrío. Inspiro hasta sentir el aire muy dentro de mi. Entre tanto pequeños botones añiles, ahora aquí, ahora allí. Mi mente vacía.

28 enero 2009

Viaje personal

No recuerdo si hay alguna otra entrada en este blog con este mismo título. Tampoco recuerdo porque razón quise crear este espacio a la vez que el otro (caminos recorridos), el de mis impresiones por la "vida" fuera de mi cabeza. Si pienso detenidamente intuyo el porque inicié este camino o este viaje: la misma razón que ahora me motiva a seguir manteniéndolos y no cerrándolos. El descubrimiento, la búsqueda, el encontrar, el saber, el ser consciente.

2008 ha sido un año muy bueno, ha sido un año lleno de oportunidades para crecer, con lecciones alguna de ellas muy dolorosas que me han llevado a querer destripar de alguna forma ese dolor y saber porque razón lo sentimos, porque si está ahí es que es para algo y no me servía lo de: no, por ahí, no!!!


Normalmente cuando una persona siente dolor, en lo más profundo de su ser, tiene una tendecia común a no ver, a evitar ese sentimiento tan amargo. Al principio uno se deja llevar hasta que se da cuenta de que por ahí no hay salida y es cuando intenta desprenderse u olvidarse de eso que le esta causando el dolor. Los hay que no pueden y se sumen en la depresión. Os suena esto?:

"sal de ahí", "olvida -eso- no ves como estás?", "escápate", "se feliz", "se positivo". Son frases que muchas veces me he dicho a mí misma y que muchas veces las he oido por ahí, que además las he leído y que también de las cuales he sido receptora alguna vez. He aprendido con eso que cuando uno se enfrenta a una situación de dolor lo mejor es darse la vuelta, buscar otro camino pues ese solo produce más sufrimiento.

Esto es algo realmente paradójico, al menos a mi ahora me lo parece así. Mucha gente cree que estamos aquí para sufrir y que nada conseguiremos sin el consiguiente esfuerzo, y que parece que cuanto más suframos, más grandes serán las recompensas (en dónde?: en el cielo? en el infierno? mmmmmmm en dónde?). Entonces tiene una razón sufrir, digo yo. Si hay algo que quiero con todo mi corazón y que por la razón que sea no puedo obtenerlo y el hecho de desearlo me hace sufrir (un trabajo mejor, una relación mejor, etc... cada uno lo aplique a sus deseos o metas), mejor será olvidarme de ello y buscar algo más acorde con mi capacidad de vivir sin padecer.

Hasta aquí era algo que ni yo sabía que pensaba, simplemente era algo que daba por hecho, es estúpido seguir dándote martillazos en el dedo si con el primero de ellos te has dado cuenta de que te hacías daño.

El caso es que si me golpeo en un dedo, paro inmediatamente, procuraré no volver a golpearme, pero nunca se sabe, en fin, quiero decir que para situaciones de este calibre resulta sencillo tomar una decisión al respecto.

Qué ocurre cuando nuestras aspiraciones o deseos son mucho más elevados y queremos llegar ahí y por lo que sea no podemos?? Yo me he encontrado con el dolor, no se vosotros. Pero no soy una persona resignada, no me rindo tan fácilmente. Mi carácter hace que cuando voy a por algo no tenga opción de volver atrás, así (para mí) es la única manera de superar lo que sea. Pienso dentro de mí: o avanzo, o no quiero vivir más!!!! No quiero decir que yo haya forjado esta forma de ser mía que tengo, que va, he sido así siempre, no se porqué razón. Dentro de mí hay algo que me incita a ser así y siendo así es la única manera que tengo de resolver mis conflictos en la vida y uno de ellos ha sido descubrir porque sentimos dolor.

El dolor te dice que eso que quieres puedes obtenerlo cuando quieras, es tu misión en esta vida: conseguir aquello que deseas. Si os paráis a pensar es lo que hacemos desde que nacemos hasta que nos morimos: conseguir todo aquello que deseamos, sin excepción (alguno aquí le entrarán ganas de decirme: yo jamás desee, esto o aquello. Creedme, sí que lo deseásteis y no de la forma que pensáis). Es más, sin metas el mundo se para. No os habéis preguntado nunca porque tenéis deseos o motivaciones, llamadlo como queráis?

Cuando te ves delante de esa meta que te has propuesto o de ese sueño que has tenido, a veces incluso sin ser consciente de ello, y te das cuenta de que no es realista (quién decide que es una cosa realista o no? eso para empezar), que te ves delante de eso que quieres, de eso que sabes que te gustaría tener o ser, en definitiva: experimentar, o lo que sea y que por diferentes causas no eres capaz de conseguirlo: porque hay algo que nos paraliza y es el miedo. Entonces aparece el dolor, ese que te desgarra por dentro sin ningún miramiento, ese que te ahoga hasta que piensas que si te mueres sería más fácil soportarlo, ese que te deja inútil ante la vida, desprotegido, desamparado, en la más completa desnudez haciéndote preguntas existenciales porque en el mundo real no hay respuesta, por mucho que uno se empeñe en buscarlas ahí fuera. Ese que está ahí para recordarte que tu ya sabías que eso te iba a doler, que por eso te daba miedo meterte.

Si eso que sientes que te deja tiritando en el más profundo desconsuelo te está arruinando la vida, porque es lo que piensas si sigues empeñado en seguir ese camino que parece te gusta más que la vida que llevas, piensas en que lo mejor es sonarse los mocos, olvidarse del asunto, porque claro eso no es realista y además duele, lo mejor es seguir el rebaño al menos eso es lo conocido y ya estamos acostumbrados. Lo que queremos es vivir en paz, vivir tranquilos, y sí, es algo lícito es algo completamete digno, por supuesto.

Pero cuando cuando quieres algo más, o aspiras a algo más de lo que ya tienes, se abre ante tí un inmenso mundo desconocido y en donde el dolor, lejos de ser algo malo, es un indicativo de que si quieres continuar deberás seguir observándolo, dentro de tí por supuesto, y trascendiéndolo. He comprendido que cuando alguna circunstancia me produce dolor (la que sea) hay algo de mí que debo cambiar, porque sino lo cambio no avanzaré y cuando digo avanzar no es en otra dirección diferente porque haya entendido que ese camino no es bueno para mí, no, para nada, eso es lo que he estado haciendo 37 años de mi vida, sino en la misma que me he propuesto para conseguir experimentar eso que tanto deseo. La vida en sí es una meta, bajo mi punto de vista.

Cuando uno comprende que no hay nada, absolutamente nada que pueda hacerle daño salvo uno mismo, cuando uno sepa exactamente que quiero decir con estas palabras será libre del yugo que ahora mismo le oprime.

Posiblemente muchos de vosotros pensareis que a buenas horas vengo yo con los descubrimientos, que eso ya es de dominio público, otros igual piensan que me he golpeado la cabeza contra alguna pared, no se. Lo que si se, es que jamás un dolor me había producido felicidad, quizás no inmensa felicidad pero si la suficiente como para vislumbrar ese camino que yo sabía que existía, porque no podía creerme que el mundo fuera esto y ya.

24 diciembre 2008

Un deseo para tí.


(Concierto para piano y orquesta nº 21 -Mozart-)

Vete a un lugar tranquilo y escucha esta pieza. Disfrútala. Tómate unos minutos. Cierra los ojos y respira profundamente, despacio. Expira muy poquito a poquito. Céntrate en lo que estás escuchando.

Deja atrás todo lo que tengas en la cabeza. TODO.

Cuando ya estés relajado imagínate en un lugar hermoso, apacible. DISFRÚTALO.

Busca dentro de tí que es lo que te gustaría hacer, ser o tener............... piensa en ello, recreate. No temas. no pienses si es posible o imposible, solamente visualízalo...................

SONRÍE..................... Deseo concedido!!!!


FELIZ AÑO A TODOS.

13 diciembre 2008

Le había acompañado al coche, llegó la hora de marcharse. Mauro colocó la última bolsa en el maletero y acomodó lo que faltaba en el asiento de atrás. A penas si la miró, solamente se acercó a la muchacha y la besó en las mejillas mientras se despedía de ella. Se dijeron adiós, hasta la próxima.

Irene no sabía cuando volvería a ver a aquel hombre, iba girando la cabeza mientras se alejaba de él. Quería recordarlo en su memoria tal cual le veía ahora. Le miraba el pelo, fijó sus ojos en el color de sus cabellos, quiso memorizarlo para después en su imaginación volver a verlo todas las veces que quisiera. Miró atentamente el cuerpo de Mauro, quiso retener hasta el último detalle. No sabía cuando volvería a estar con él de nuevo, tampoco fue capaz de preguntárselo. Allí mismo se separaron.

Cuando llegó a casa y cerro la puerta tras de si, apoyó su cabeza en ella y así permaneció unos largos minutos. Su respiración era profunda mientras volvía a contemplar el cabello de ese hombre que acababa de irse, se alegró de haberlo mirado antes, ahora era como tenerle ahí mismo, su imagen eran tan vívida todavía. Al volver a inspirar se dio cuenta de que su olor aún permanecía en ella y apenas pudo contener un sollozo. Pero lejos de entristecerse......sonrió.

Desnuda, delante del espejo Irene se contemplaba. Primero observaba sus pechos, su cara, su abdomen. Lentamente se iba girando para poder ver su espalda, sus nalgas. Se miró a los ojos e hizo una mueca de aprobación. Se acarició el cuerpo y sintió su piel, suave, caliente, viva. Irene se sentía deseable. No está mal, pensó hacia sus adentros. Metida casi en la cuarentena era consciente de que poseía una sensualidad mucho más destacada que cuando aún no había cumplido los treinta. Le gustaba cuidar su cuerpo y eso mismo era lo que su imagen reflejada le devolvía.

Había perdido la noción del tiempo, no recordaba cuando se habia ido Mauro. Se quedó pensativa un rato y con los dedos fue contando los meses que la separaban de aquella última despedida. Se encogió de hombros y sintió que no había pasado tanto tiempo, parecía que el rastro de el aún permanecía en su casa, en su piel. No le sentía lejano.

Se dijo así misma que no importaba. Se acercó a la ventana y dejó que el sol calentara su rostro, cerro los ojos y se dejó llevar por el deseo de estar cerca de él. Soñó que un día no volverían a separarse jamás.

Se olvidó del paso del tiempo pero no le olvidó a él, siempre estaba con ella. Su búsqueda había finalizado en Mauro, ese hombre era ella misma.

Antes de salir de casa se miró al espejo y sonrió, como cada mañana al salir. En la calle estaba Mauro esperando y cuando Irene levantó la mirada le vio. No se sorprendió porque le esperaba, hacía no sabía cuanto tiempo que ella le esperaba.

El hombre se acercó a la muchacha, sus ojos nunca habían estado tan vivos, la miraban llenos de ternura, llenos de cariño, llenos de promesas. La acogió entre sus brazos y le dijo: vine a buscarte porque no podía vivir sin ti.

10 diciembre 2008

Cuando el corazón siente y la razón dice..........

Con frecuencia nos encontramos en situaciones difíciles de resolver sobretodo porque nuestra razón o pensamiento lógico nos dice que es lo que debemos hacer y no lo tenemos del todo claro. Podemos tomar la decisión de aclarar ese conflicto que nos atañe guiándonos por la experiencia que todos sentimos dentro, la que pieza a pieza ha ido forjándonos el carácter, nuestra forma de ser y actuar.

¿Nunca os habéis parado a pensar en porqué después de tomar una determinación al respecto uno sigue sintiéndose mal, sintiéndose confuso sobre ese asunto que ya parecía zanjado? ¿Cuál es la razón por la que aún seguimos dándole vueltas al asunto si a fin de cuentas ya lo hemos resuelto? al menos de la manera supuestamente más lógica y racional.

A veces pensamos en que al tomar decisiones basadas en lo que los sentimientos nos dictan estaremos irremediablemente condenados al fracaso, tal vez porque a veces esos sentimientos son poderosos y los vivimos desde lo más hondo de nuestro ser. Esas sensaciones nos abruman y nos dan a entender que si nos dejamos guiar por algo tan apasionado no estamos actuando de la manera correcta. Si pensamos que la vida es sufrimiento, renuncia y carencia es lógico llegar a esa conclusión.

Correcto o incorrecto pero ¿según qué? Cuando dentro de nosotros se está librando una batalla lo más sencillo es dejarse llevar por la decisión que creemos más acertada y no por lo que creamos nosotros libremente al respecto, así, si erramos en nuestra resolución nos podemos lavar las manos, hemos actuado según la razón, estamos a salvo de todo sentimiento de culpa en el mejor de los casos. Hemos dejado que nuestra razón nos guie, hemos dejado que sea ella la que dicte sentencia.

¿Escuchamos lo que nuestro corazón quiere decirnos? Tenemos una guía interior que nos manifiesta en todo momento cuando hemos hecho algo bien y cuando hemos hecho algo mal. Algo tan sencillo como eso y no le hacemos caso!!!!!

Cuando tengo dudas no actúo. Ni siquiera si es urgente actuar pues posiblemente tomaré la peor decisión y me equivocaré estrepitosamente.

Cuando siento que debo hacer algo, pero hay algo dentro de mi que me hace sentir mal no actúo. Ni siquiera si es urgente actuar pues muy posiblemente tomaré la peor decisión y sentir remordimientos puede ser peor que el verme incapaz de actuar.

Cuando siento que debo hacer algo y dentro de mí se activa el resorte que me ilumina la cara, entonces actúo, porque al tomar una decisión desde ahí dentro, desde lo más hondo de mi corazón, me hace saber que aunque me equivoque corregir el camino es factible.

Ahí radica la diferencia entre tomar una decisión basada en el miedo u otra basada en la confianza de uno mismo, la que se toma desde el corazón.

Tenemos un instinto al que no hacemos ningún caso y esa intuición nunca se equivoca pues está libre del juicio de la razón, del dictamen del ego.

12 noviembre 2008

¿Qué tenemos si no arriesgamos?

Anoche leía, como cada noche, unas líneas que me hicieron recapacitar en porque muchas personas actúan de una determinada forma o porque conseguimos lo que conseguimos o vivimos como lo hacemos.

Cada día arriesgamos, unas veces un poco, otras quizás mucho más y ese riesgo es el que moldea nuestra vida. No podemos evitar no arriesgar puesto que dependemos de ello para avanzar. La supervivencia del ser humano depende precisamente del riesgo.

¿Qué tiene el que no arriesga? Muchas veces oigo que nada tiene el que no arriesga pero nada pierde. Y yo me pregunto ¿qué es lo que pierde el que no se atreve? Si observamos en nuestro interior y somos sinceros con nosotros mismos podemos descubrir como de prisioneros somos de nuestros propios miedos.

...............

"Reírte es arriesgarte a parecer estúpido.
Llorar es arriesgarte a parecer sentimental.
Buscar a otro es arriesgarte a establecer un compromiso.
Exponer tus sentimientos es arriesgarte a exponer tu verdadero ser.
Expresar tus ideas y sueños ante una multitud es arriesgarte a perderlos.
Amar es arriesgarte a que ese amor no te sea correspondido.
Vivir es arriesgarte a morir.
Esperar es arriesgarte a desesperar.
Pero hay que correr riesgos, porque lo más arriesgado de la vida es no arriesgarse a nada.
La persona que nada arriesga, nada hace, nada tiene y nada es.
Puede que evite el sufrimiento y el dolor, pero no puede aprender, sentir, cambiar, crecer, amar, vivir.
A sus actitudes encadenados, son esclavos:
han renunciado a la libertad.
Sólo la persona que arriesga es libre."

(ANON)


website counter